DUELO INFANTIL

Es sabido por todos que existen numerosas conversaciones incómodas, complejas, con nuestros hijos a lo largo de su infancia y adolescencia, entre las que más dificultad entrañan, está el cómo abordar el concepto de la muerte, especialmente si la familia está sufriendo la pérdida de un ser querido. Por este motivo hemos pensado en dedicar nuestro post de esta semana al duelo infantil y plantear algunos consejos que pueden ayudar a que los niños hagan frente a ese sufrimiento de forma que les permita adaptarse a una vida sin esa persona querida.

En primer lugar, debemos indicar que el duelo es un proceso psicológico que surge como reacción a una pérdida, el fallecimiento de un ser querido, una separación, desempleo, emigración… Se caracteriza porque no sólo se presenta una vez que tiene lugar la pérdida, sino que habitualmente también aparece antes, por miedo a que ésta ocurra. Aunque hoy vamos a centrarnos en el duelo como consecuencia de la muerte de un ser querido, la mayoría de los consejos que os ofreceremos pueden aplicarse a las demás situaciones.

Hace unos años la muerte formaba parte de la vida cotidiana de las personas, incluidos los niños: los familiares morían, se les velaba en casa y en el mundo rural al tener un contacto más cercano con la naturaleza la presencia de la muerte también era algo habitual… En el entorno urbano actual, los niños no conviven con la muerte de manera tan directa, sin embargo son conscientes de su existencia mucho antes de lo que suponemos los adultos, a través de la televisión, los cuantos infantiles, los videojuegos…

A pesar de esto, para buena parte de los padres, hablar de la muerte con los niños es prácticamente un tabú y no debería ser así, la pérdida es parte de la vida, algo a lo que todas las personas tenemos que enfrentarnos más tarde o más temprano, y si desde la infancia hemos tenido la oportunidad de hablar del tema con naturalidad a las personas que nos rodean, se facilitará el proceso de duelo llegado el momento.

La muerte es un tema que genera mucha curiosidad a los niños, por ello es frecuente que hagan preguntas desde muy pequeñitos, incluso con tres años, cuando aún piensan que es algo reversible y que a ellos no les va a suceder, éstas son buenas ocasiones para abordar el tema, también aprovechar oportunidades de la vida diaria como noticias en la televisión, historias que leen o les cuentan en las que algún personaje fallece… Sería recomendable:

  • No eludir el tema ni darle largas.
  • Favorecer que den su opinión y respetarla, que se sientan escuchados, para que según vaya pasando el tiempo y vivan experiencias, tengan la confianza para pedir más explicaciones e intercambiar ideas y sentimientos al respecto.
  • Aclarar sus dudas.
  • Dar explicaciones sinceras, utilizando un lenguaje claro, sencillo y apropiado a la edad.
  • Hacer referencia a situaciones en las que la muerte está presente (como sucede con animales y plantas).

¿Y cómo actuar ante una situación de duelo real en la que un ser querido ha fallecido? Debemos tener en cuenta que las manifestaciones en los niños son distintas que en los adultos:

  • Problemas de conducta
  • Somatizaciones (dolor de cabeza, de barriga…)
  • Alteraciones en el sueño (insomnio, pesadillas)
  • Regresiones (comportamientos propios de etapas anteriores, como chuparse el dedo, hacerse pis)
  • Miedo a perder a otros seres queridos
  • Culpa
  • Irritabilidad
  • Cambios bruscos de humor
  • Descenso del rendimiento escolar

Estos síntomas suelen ser temporales y normales dentro de un proceso de duelo natural, pero si se prolongan excesivamente en el tiempo  y/o su repercusión en la vida diaria es muy intensa, se aconsejable consultar con un especialista.

A continuación os sugerimos algunas ideas que facilitan una elaboración del duelo adecuada en los niños:

  • En caso de que la persona esté enferma y el desenlace se aproxima, ser honestos y explicarle la situación para que pueda hacerse a la idea.
  • Informarles de lo sucedido lo antes posible, buscando el momento y lugar apropiado, asegurándonos de tener su atención y pudiendo dedicarle un tiempo a explicar qué ha pasado a la vez que se le aporta consuelo y se atienden sus dudas.
  • Mostrar abiertamente nuestros sentimientos, no ocultarse para llorar.
  • Hablar y compartir con ellos nuestra experiencia con la pérdida, cómo lo estamos viviendo.
  • Que nos sientan disponibles y cercanos, también físicamente, sentarse a su lado, abrazarle, cogerle en brazos…
  • Asegurarnos de que se sienten libres para expresar sus sentimientos, aceptando su tristeza o su enfado si así lo manifiestan.
  • Puede ocurrir que el niños sea muy pequeño y no comprenda la trascendencia de la pérdida hasta más adelante e inicien el proceso de duelo incluso varios años después, resulta duro porque para la familia puede implicar reabrir heridas pero es fundamental tener paciencia y hacer que se sienta apoyado.
  • Garantizar la atención y el afecto, explicarle que aunque estemos tristes, le seguimos queriendo y cuidando de él. Si los padres están muy afectados los primeros días o semanas para asumir sus responsabilidades, es necesario contar con alguna persona significativa para el niño que pueda hacerse cargo mientras los padres se recuperan.
  • Mantener las rutinas y las normas en la medida de lo posible, o retomarlas cuanto antes, le dará cierta estabilidad dentro de la confusión que supone perder a una persona querida, conservar horarios, costumbres, que pueda ver a sus amigos, ir al colegio, etc.
  • Visitar en el hospital, acudir al funeral, puede ser positivo en función de la edad del niño, de su capacidad para comprender la situación, sobre todo es importante invitarle a participar en los ritos pero que esté en sus manos la decisión de acudir o no, sin culpabilidad y desde luego si quiere ir, explicarle su sentido, qué va ver y escuchar.
  • Algunas actividades útiles pueden ser reunirse para elegir fotos y crear un álbum especial que recoja los momentos compartidos con la persona fallecida, también favorecer pensar en positivo sobre quien ya no está, ayudándoles a identificar los momentos y todo lo que quieren recordar de su ser querido, aquello que siempre les acompañará.

“Aunque todos debemos intentar encontrar sentido a nuestras pérdidas y a la vida que llevamos después de sufrirlas, no hay ningún motivo para que tengamos que hacerlo de manera heroica, sin el apoyo, los consejos y las ayudas de los demás”  Robert Neimeyer

 

 

 

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